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LA IRRACIONALIDAD PDF Imprimir E-mail

Decía  Steinbeck  “el hombre es el único animal que bebe sin tener sed, que come sin tener hambre y  habla sin tener nada qué decir”. Verdadera e irrebatiblemente, consciente o inconscientemente, el hombre es el único ser sobre la tierra capaz de llevar a cabo cualquier tipo de usos, costumbres y procedimientos en procura de satisfacer sus apetitos y ambiciones,  habitualmente desmedidas y sin reparar en el derecho de los demás ni en el daño que pudiera ocasionar a la sociedad y al medio en el que vive. Sólo la cultura y la educación son los únicos instrumentos capaces de imponerle algunos parámetros, aunque siempre desobedecidos, especialmente en los medios subdesarrollados. En las criaturas de la especie zoológica unos son más feroces que otros, los más fuertes se devoran a los más débiles. Fenómeno semejante acontece entre los humanos, los más fuertes explotan y arruinan a los menos adaptados, en una suerte de camino al darwinismo social al que se refería Spencer. Sólo hay una pequeña diferencia: los animales se sacian y los hombres no.

En la vida silvestre de la jungla no hay más leyes que la fuerza de las bestias, y  éstas se rigen por sus instintos y curiosamente cumplen las leyes naturales. Acontece que las fieras sólo capturan a sus presas cuando tienen hambre y las dejan en paz después de  mitigarla, en cambio entre los seres humanos la sed de riquezas y de explotación es permanente e interminable, no tienen parámetros, cuanto más hayan acumulado riquezas es mayor su ambición de multiplicarlas y para ello no trepidan en acometer cualquier tipo de metodología. En materia biológica, las hembras de las fieras se aparean únicamente si  están dispuestas y en estado de celo, no lo admiten ni los machos lo hacen en cualquier momento. El hombre no acepta ni épocas, ni momentos, ni lugar ni nada. Le da igual los periodos biológicos femeninos o el riesgo de contraer enfermedades, la edad y las circunstancias. Contrariamente a toda ley natural no le importa nada, actúa instintivamente y se deja llevar por todo cuanto su erotismo y hasta su perversión sexual le aconsejen. Las fieras no abortan ni utilizan conceptivos ni píldora, acatan los mandatos de la reproducción controlada por la naturaleza. El hombre es adicto a los vicios, al alcohol, a las drogas y a todo lo vedado y como si todo esto fuera poco, le importa un rábano los riesgos, peligros y barbaridades; le interesa, nada más que el placer desenfrenado.

El hombre es irracionalmente insaciable para el enriquecimiento. Si conquista fortuna, acapara mucho más, aun a costa del empobrecimiento de los demás, víctima de una ambición desenfrenada, atropella, delinque y destruye al adversario en su afán de expansión. Quema bosques, tala árboles, contamina y destruye y no le incomoda ser el artífice de la consunción de humanidad. Y en su carrera desenfrenada, adultera, engaña, estafa, falsifica, traiciona y hasta asesina. Conoce de la existencia de las leyes y sabe sus alcances punitivos, y precisamente por eso, se vale de subterfugios y de estrategias para  burlarlas. Luego ¿Cuál es más irracional, la bestia o el hombre?

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