LA LEALTAD

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¿Qué es la lealtad? No hace falta definirla, aun cuando no debe confundirse lealtad con complicidad. Se trata de una virtud, de una conducta enaltecedora, de una firme consecuencia y sinceridad hacia otra persona, siempre y cuando sus acciones estén ceñidos a la buena conducta, el altruismo, a su insospechado comportamiento o  gesto superior y ejemplar.  

Lo contrario de la lealtad es la felonía. Felón es el traidor de alguien o de en una causa noble y lícita. No es traición alejarse del delito o del delincuente y denunciarlo, como tampoco es lealtad el silenciar. La lealtad es incompatible con las malas acciones y con el delito. Quien se solidariza con un delincuente es un cómplice, no una persona leal, aunque se trate de algún supuesto amigo o pariente. Y si por no comprometerse ni perjudicar al compinche guarda silencio aun cuando no comparta su acto delincuencial, incurre, de todos modos en delito, pues la obligación de todo hombre de bien es romper su silencio y denunciar o cuando menos apartarse ante la primera demostración de irregularidad. Al contrario de lo que podría creerse, el felón  es aquel que abusando de la adhesión de su vínculo con el amigo pretende involucrarlo en negocios turbios y en empresas delictivas. 

El calificativo desleal es muy utilizado en las organizaciones institucionales, especialmente en los llamados partidos políticos y se señala así a quien no se identifica con determinados procedimientos por vedados que fueren. Cuántos medran con la política, cometen estropicios, roban y se enriquecen y hasta perpetran homicidios impulsados por las ambiciones y llaman desleales y traidores a los que se apartan y los denuncian. Son como “todas esas víboras que han medrado a la sombra de los laureles de la patria como sentenciara Domingo Faustino Sarmiento.

Hay cuántos mercenarios que militan en ejércitos extranjeros sin miramientos y se entregan con facilidad al enemigo con tal de satisfacer apetitos de odios internos o personales contra sus compatriotas, sin importarles el destino de la patria donde nacieron. Los que actúan de esa manera son felones no los que los señalan y los denuncian. 

Los asaltantes, secuestradores o narcotraficantes ajustan cuentas contra sus viejos socios asesinándolos sin piedad tan sólo por haberles descubierto que se arrepintieron y se apartaron de la mafia para incorporarse a la sociedad y al imperio de la ley. Los llaman traidores y los ultiman a mansalva después de tomarlos por sorpresa mediante emboscadas criminales.

La conducta de los hombres está pues debidamente enmarcada dentro de principios y valores y definida semánticamente en el idioma. En el diccionario de la lengua española o de cualquiera otra, se hallan claramente diferenciadas las acepciones de lealtad, traición y complicidad. Si bien la lealtad supone la adhesión y solidaridad de una persona hacia otra por el sólo hecho de algún transitorio entendimiento, se convierte automáticamente en complicidad cuando se trata de amparar delitos y actos contra las buenas costumbres. Leal es quien secunda la virtud, y cómplice el que por aparecer sincero ante su socio oculta su delito y le presta su apoyo. La traición, actitud perversa contraria a la lealtad, se da sólo cuando alguien obra de mala fe contra alguna acción concertada lícitamente y renuncia a la fidelidad a la que un hombre de honor está obligado y no respeta su palabra y su juramento.

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