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| LA DELINCUENCIA DE CUELLO Y CORBATA |
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Cunde una natural inquietud por descubrir las causas del incremento y modalidades de la delincuencia común, pero por ventura ¿acaso no se quiere admitir que los robos, asaltos y diversas formas del delito se producen y multiplican por contagio y por imitación tras el mal ejemplo proveniente de las más altas esferas oficiales? No se debe olvidar que la delincuencia común, en todas sus modalidades, se ve estimulada por el incremento de la corrupción pública y el enriquecimiento ilícito de los personeros del Estado, de los que reciben la confianza de los ciudadanos que se sienten defraudados. Es una verdad de Perogrullo que la delincuencia común se ve tanto más estimulada para su perpetración en la medida de la impunidad en los ámbitos de la política, de la función pública, de la llamada administración de justicia en la que jueces venales negocian con las sentencias, la libertad y los derechos de los ciudadanos y en los vergonzosos escándalos de un desprestigiado Congreso Nacional, cada vez más descalificado. El mal ejemplo desde la cabeza, el fácil enriquecimiento de altos dignatarios de la Nación mediante el asalto a la Hacienda Pública y la gran facilidad de la que gozan no sólo para robarle al Estado sino para refugiarse en la odiosa impunidad y luego hacer alarde de su nuevo e ilícito estatus social, definitivamente constituyen el motor impulsor para la delincuencia común que crece de manera alarmante. A propósito de esta realidad, surge el interrogante por determinar quienes son más peligrosos, si los ladrones comunes callejeros o los malandrines disfrazados de elegantes vestimentas y de títulos, rimbombantes que ejercen los más elevados cargos dentro de la administración estatal y se desplazan en lujosos vehículos polarizados, seguidos de guardaespaldas y finalmente blindados contra toda fiscalización. La respuesta no es difícil, desde luego los delincuentes más peligrosos son los que ostentando funciones políticas se valen de sus cargos, de sus prerrogativas, privilegios e inmunidades para cometer los más asquerosos estropicios, robarle al Estado y al pueblo sin gastar esfuerzo alguno y sin ejercitar violencia ni utilizar patas de cabra o ganzúas, precisamente por eso sus actos delictivos son mucho más peligrosos porque además se valen de su condición de apoderados de la ciudadanía y terminan delinquiendo con la mayor libertad, en tanto que los delincuentes comunes, perpetran sus fechorías subrepticiamente y asumiendo todos los riesgos que sus aventuras delictivas acarrean. Los que asaltan al Estado no necesitan ejercer violencia ni correr las consecuencias de sus aventuras delictivas, gozan de la facultad de expedir ilícitas resoluciones ministeriales y supremas bajo la justificación de ejecutar y financiar obras públicas, adquirir bienes, vehículos y armamentos sobrevaluados para apropiarse de la diferencia en los precios. Tampoco tienen parámetros los que en el Congreso dictan leyes de favor con fines inconfesables o los que permiten lobbys y realizan patrocinios ilegales o las autoridades municipales y regionales que administran presupuestos del Fisco y cobran cupos o comisiones o los jueces venales que venden resoluciones. Es por todo eso exactamente que sus actos delictivos revisten una mayor gravedad y peligrosidad. Los asaltantes de Bancos requieren utilizar armas de fuego, ampararse en cómplices campanas para protegerse de la policía y efectuar toda una operación para la ejecución de sus planes criminales que a veces les resulta no tan exitoso, en cambio, un ladrón de corbata y con escudo de la Nación no requiere hacer ningún esfuerzo ni exponerse a peligros policiales, simple y llanamente roba y se enriquece esperanzado en recibir el manto piadoso del blindaje y del olvido.
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Hits: 209 Comentarios (1)
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Cecilia Navarro
said:
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... Será muy difícil esperar a que algún día... Haya verdadera justicia ??? Esperamos que no ... Saludos Cecilia ... |
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