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Para información de las generaciones jóvenes, considero un deber realizar un breve resumen de lo que aconteció hace 40 años y demostrar que en el Perú sí fue posible combatir a la corrupción, claro está, mediante acciones irreductibles que penosamente no están siendo imitadas. El título de este artículo refiere la odisea del libro epílogo de la Comisión Parlamentaria Investigadora del Contrabando que presidí en 1968, durante el primer gobierno de Fernando Belaunde, que fue interrumpido por la conspiración militar del general Juan Velasco Alvarado del 3 de octubre de 1968, interesado en evitar las numerosas acusaciones contra miembros de las Fuerzas Armadas.
Dieciocho meses después de la conjura, uno de los nefandos atropellos de la tiranía militar fue la usurpación violenta del citado libro, historia del contrabando y otros delitos conexos en los que se hallaban comprometidos funcionarios, ministros, un diputado y altos jefes militares y policiales. Fue la madrugada del 30 de abril de 1970, cuando una horda de militares armados de fusiles y metralletas, invadió violentamente la imprenta “Industrial Gráfica” de la calle Chavín en Breña-Lima, y se apropiaron de 5,000 libros ya impresos, así como de materiales, implementos y de cuanto pudieron, después de bloquear con tanquetas y camiones la citada calle.
El general Velasco quien no llegó a explicar la razón del sospechoso cargamento de mercancía suntuaria, que bajo la denominación de “paracaídas” había sido desembarcado en el Callao, a nombre de la Comandancia General del Ejército a su cargo, fue el mismo que ordenó el secuestro del libro, según las afirmaciones vertidas en “El Tiempo”, de 6 de mayo de 1976, por el general Armando Artola Azcárate, ministro del interior de la dictadura. Textualmente dijo: “la incautación e incineración de los libros en los barrancos de “La Herradura” fueron efectuadas por orden directa y personal del general Velasco”.
Durante más de cinco años fue imposible reeditar el libro debido a la persecución de la tiranía, como también lo fue reclamar justicia ante un poder judicial sumiso y genuflexo. Sólo fue posible hacerlo seis años después del contragolpe del general Francisco Morales Bermúdez a fines de 1975, amparado por resolución del 1 de diciembre de 1975, por la que se me otorgó garantías para su aparición profusa en tres ediciones de diez mil libros cada una.
Sumisión de la policía y del poder judicial
Para la sometida policía el secuestro fue sólo un robo, como si los ladrones se interesaran en robar libros. Por su parte, el juez Reynaldo Martín, del 11º Juzgado de Instrucción, también amordazado, se limitó a abrir instrucción contra posibles autores de un robo, sumisamente ignoró la prepotente confiscación y retuvo el expediente durante meses. Y el agente fiscal, Rodrigo Arriola Iglesias, también la escondió durante más de nueve meses, hasta el 3 de enero de 1972 en que la envió al 4º Tribunal Correccional. Igual consigna acató el fiscal Fernando Cochela Caravelli, inmovilizando el proceso durante seis meses, hasta que aquel desgraciado tribunal la envió al archivo provisional el 9 de julio de 1973, con el argumento de “no haberse identificado a los responsables”.
Para los abyectos jueces no tuvieron validez ni siquiera el testimonio de quien fuera el más cercano colaborador de la tiranía velasquista, el general Armando Artola, ministro del Interior de la dictadura, quien, producido el derrocamiento del general Velasco, por el general Francisco Morales Bermúdez, el 6 de mayo de 1976 sostuvo ante el semanario “El Tiempo”, dirigido por Alfonso Baella Tuesta, el siguiente revelador interrogatorio:
¿Cree usted que Velasco fue contrabandista antes del 3 de octubre de 1968?
No me consta. Pero sí estoy seguro de que era lo bastante vivaz para saber para quién era el contrabando que se pasó como paracaídas.
¿Por qué no se siguió investigando los casos de contrabando?
¿Cómo se iba a investigar si los contrabandistas tenían la sartén por el mango?
¿Dónde están los archivos de la Comisión del Contrabando? Usted como ministro tenía que saberlo.
La sustracción de esos archivos se hizo bajo la dirección personal de Velasco. Se me ocultó adrede íntegramente todo el proceso”
¿Dónde están los libros secuestrados de Vargas Haya?
Ya he explicado esto al señor Vargas Haya. El Ministerio del Interior nada tuvo que hacer en la desaparición de esos libros. Fue una operación dirigida personalmente por Velasco. Aconséjele que busque por los barrancos de Chorrillos. Allí puede encontrar alguna pista”
Sin más comentarios.
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