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El sistema establecido o modelo imperante en países como el Perú se caracteriza por la enorme diferencia entre ricos y pobres, entre explotadores y explotados; por la corrupción e impunidad institucionalizadas, evasión tributaria, contrabando y exacción al Erario; por el abandono a la educación, a la salud, a la seguridad social, al niño y al anciano; por la codicia que conduce a la acumulación de riquezas a cualquier precio despojándole de lo poco que tienen a los menos favorecidos; por la discriminación y exclusión social; por la violencia, la inseguridad ciudadana, y finalmente, por la entrega incondicional hacia el poder de quienes en su afán de amasar fortuna no tienen inconveniente hasta de enajenar el patrimonio nacional, en una irracional y escandalosa alianza del poder político y el poder económico.
Entonces, el antisistema supone lo contrario, es decir, poner término a dichas lacras que humillan. Es la conquista de la democracia en su verdadero sentido, aquella en que la autoridad sea la ley en igualdad de condiciones para todos y que supone justicia sin la cual no puede haber paz. La llamada izquierda no es otra cosa que eso, el anhelo de igualdad, libertad y fraternidad, el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. El término no debe asustar ni llamar la atención de nadie como algo siniestro y detestable. Al contrario, es la definición de vida civilizada en la que se respeta al ser humano sin confundirlo como instrumento de explotación y desprecio tan sólo por su condición social, por su pobreza o por el color de su piel.
No está demás referir el origen de los vocablos derecha e izquierda. Se remonta a los días posteriores a la Revolución Francesa cuando instalado el Parlamento en la nueva república, el congreso se repartió en dos grandes grupos políticos: de un lado, los girondinos, defensores del oficialismo y del llamado orden establecido, y del otro, los jacobinos, opositores de los primeros y clamaban justicia, paz y libertad. Aconteció, entonces que los jacobinos, opositores contra el viejo sistema obsoleto se habían ubicado en el ala izquierda del estrado oficial y desde ahí se enfrentaban al grupo de los girondinos que se encontraban en el ala opuesta o sea del lado de la mano derecha del estrado. Desde ese momento, cada vez que los voceros girondinos se referían a los jacobinos sólo los señalaban como a los de la izquierda, término con el que, desde entonces se identifica a toda corriente opuesta al orden establecido o establishment injusto y excluyente.
Luchar contra el sistema imperante de injusticia no significa establecer como contrapartida métodos totalitarios o diabólicos como interesadamente se pretende hacer creer, precisamente desde los grupos dominantes de la derecha por temor a perder sus privilegios. Significa más bien un estado de tranquilidad y de respeto mutuo entre todos los seres humanos integrantes de una comunidad, supone acabar con la diferencia artificial que determina el dinero amasado por quienes no diferencian entre el bien y el mal, buen comportamiento y el establecimiento de una sociedad fraterna y justa.
Desde luego no se trata de quitarle nada a quien la tiene sino de crear fuentes de riqueza para quienes no la tienen, aunque es menester señalar que tampoco es justo que la forja de patrimonios se haga mediante el atropello y de manera ilícita abusando del poder de esa siniestra sociedad a la que no le interesa acabar con la miseria y la ignorancia, elementos considerados intocables, de los que no hay que hablar, porque constituyen la materia prima del poder explotador que acaricia el imperio de la ley del más fuerte sobre el más débil, como en la jungla en la que los más débiles están condenados a desaparecer, en una suerte de darwinismo social.
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