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| LA FRIVOLIDAD AL PODER |
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Marchamos a contracorriente en materia política. En tanto crece la población y contamos con portentos científicos y las enormes ventajas que nos proporciona la tecnología, nos vemos envueltos, casi sin salvación, en una vorágine de frivolidad y de irresponsabilidad frente a los retos políticos. Son urgentes las reformas profundas a fin de otorgarle seriedad a la noble función política, que por definición es ciencia del Estado. El drama del Perú reside en la tiranía del analfabetismo funcional que no permite medir los alcances de una implacable incapacidad seguida de ambiciones desenfrenadas para la captura de cargos públicos en los poderes del Estado sólo con fines inconfesables. Los papeles parecen invertidos, y ya no son los hombres más capaces y los más idóneos los que aspiran a cubrir tan altas distinciones, sino contrariamente, aquellos que poco tienen qué aportar al desarrollo del país. La respetable responsabilidad de ostentar la jefatura del Estado y personificar a la Nación se halla ahora en manos de la farándula, de la comedia y el sainete. Cualquier títere con cabeza pretende, sin rubor, ubicarse en el sillón presidencial como si fuera la presidencia de un club de barrio. El lugar que ocuparon San Martín, Bolívar, Pardo, Castilla, Billingurt o Cáceres, es amenazado por aventureros de toda laya. No se sabe si los que demuestran el atrevimiento de sentirse con derecho a ser elegidos presidentes del Perú, lo hacen porque esquizofrénicamente se creen estar aptos para ello o por ridiculizar al cargo que ha sido ya subvaluado hace mucho tiempo. Está claro que no es la primera vez que esto ocurre, pues la Historia de la República se halla atosigada de aventureros civiles y militares que durante décadas irrumpieron en la política peruana para apoderarse de la primera magistratura. Elementos ignorantes y además venales, así como soldadotes golpistas, cuyo único argumento era el de disponer de armas, fusiles y tanques de la Nación, estuvieron durante la mayor parte de la vida republicana, ostentando en sus pechos manchados de lodo, el bicolor nacional. A poco de las elecciones generales del 2011, nos amenaza una plaga de osados mortales tratando de capturar la magistratura presidencial, en una carrera de frenética paranoia Y en materia parlamentaria, no hace mucho, especialmente a partir de la desdichada década del advenedizo llamado Alberto Fujimori, hoy convertido en presidiario, pululan personajes de todo pelaje, fantoches, chiflados, desviados, bailarines, comediantes, chistosos ambulantes, bataclanas que ya no sólo se mofan de la función legislativa dándole picotazos a las curules parlamentarias.. Algo parecido acontece en el Poder Judicial al que buscan conquistar, no precisamente los juritas de renombre sino aquellos que, con algunas excepciones fracasaron en su vida privada. Curiosamente, resulta mucho más difícil ser candidatos a la presidencia de cualquier club social o institución profesional que a la Presidencia de la República. Bajo un equivocado concepto de democracia estamos ingresando al terreno peligroso de la ridiculización de las más elevadas esferas de la organización política. Es indudable, de otra parte, que el origen de esta penosa realidad es el fracaso de ciertos pintorescos gobernantes que hicieron del poder, trampolín de banalidades y de corrupción, fuente de riquezas mal habidas para satisfacción de la codicia derivada del mercantilismo y la impunidad. Una verdadera tragedia para un país como el Perú que aún no ha resuelto su drama educativo, y sufre el flagelo de la ignorancia.
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Hits: 606 Comentarios (2)
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Max
said:
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... El diagnostico es correcto. Cual es la medicina Sr. Vargas Haya? Dicen que los pueblos tienen los gobernantes que se merecen. Nos merecemos esta basura de politicos? |
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... En términos de mayorías, por supuesto, el pueblo peruano tiene los representantes que merecen, ya que esa gente sale del pueblo, cuya moral, falta de ética, chabacanería, vicios, etc., etc. representan a la perfección. No nos engañemos, la mayoría del pueblo peruano es gente ignorante, apegada a "valores" de la edad del bronce; y muchos de los pocos que tienen cierta instrucción carecen de vigor moral y principios sólidos. |
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