Indudablemente, Abraham Valdelomar no imaginó que fuera autor de un presagio dramático para el Perú, cuando en sus tertulias de café, un día de principios del siglo XX , pronunciara la sentenciosa frase: “El Perú es Lima, Lima es el Jirón de la Unión, el Jirón de la Unión es el Palais Concert y el Palias Concert soy YO”. Pintoresca expresión del poeta iqueño, derivada probablemente del impulso de su exitosa juventud, no obstante su talento. El autor de “Colónidas”, “El Caballero Carmelo”, entre otros famosos relatos y poemas, que falleció tempranamente, a los 31 años de edad, no pudo tener la oportunidad de comprobar que en este nuestro querido país, sus expresiones dichas en broma, tuvieron los alcances de una fatídica sentencia.
Después de cerca de cien años de aquella cita, es frecuente e inconscientemente repetida por casi todos los peruanos con el aprecio reservado a favor de un valor intelectual criollo, pero sin reparar que en esa apretada frase se halla todo el drama del Perú, una nación sin identidad ni integración en la que conviven dos naciones: Lima y el resto. El lirismo de aquella expresión juvenil se ha convertido, lamentablemente, en realidad. Ahora, no hay peruano que no repita la expresión “Lima es el Perú”, alusiva a la enorme distancia existente entre esta vieja capital playera y ese conglomerado de cientos de pueblos diseminados, a lo largo, ancho y alto del territorio peruano que aún no conocen ni electricidad ni agua potable ni caminos civilizados ni educación, menos una buena calidad de vida.
Si algún grave error cometió Francisco Pizarro, es el haber aceptado trasladar la Capital del Perú a la playa costera y desértica del Pacífico. Y fue un traslado porque la primera capital estuvo fijada en Jauja. Quizá pudo ubicarla mucho más al centro y en zona adecuada, tal como aconteció en todos los demás países de América, en los que sus capitales no son las principales ciudades, excepto por sus títulos de Capital. El Perú es el único país cuyo tercio de su población y más del setenta por ciento de la economía se halla en Lima, con la seria amenaza de continuar con el flagelo de una nación macrocéfala y deforme, de una enorme cabeza y miembros raquíticos.
Un ligero repaso nos muestra grandes diferencia. Comenzando por la potencia mundial del norte, cuya capital a la orilla del río Potomac no es la mayor. En Colombia, país de urbes, compiten con Bogotá, las metrópolis de Medellín, Cali, Barranquilla, Cartagena, Bucaramanga y otras ciudades económica y culturalmente independientes. En Brasil, ni qué decir, su capital Brasilia es la ciudad más pequeña, situada en el centro cercano a las llanuras amazónicas y nada tiene que hacer con los emporios de Sao Paulo, Rio de Janeiro, Porto Alegre, Bello Horizonte, Curitiva, Belem do Pará, Pernambuco, Salvador, Recife, Manaus, etc. Otra nación federal y poderosa es Argentina en la que, si bien Buenos Aires es una megalópolis extraordinaria, no se alejan Rosdario, Mendoza, Córdova, La Plata, Mar del Plata, etc. Ecuador, pese a su pequeño territorio se halla descentralizado, la principal ciudad es Guayaquil casi dos veces mayor que Quito, y se halla repartido en ciudades como Cuenca, Loja, Machala, Puerto Viejo, con apenas 285 mil kilómetros cuadrados de extensión. En Venezuela, marchan paralelas Caracas, Valencia, Maracaibo, Barquisimeto, Bolívar entre otras. Y hasta la nación conocida como, el Alto Perú, reside su descentralización en las ciudades de Santa Cruz, Cochabamba, Oruro, Sucre y La Paz. Entre nosotros, desgraciadamente seguiremos repitiendo la sentencia de Valdelomar.









