Una sorprendente contradicción que invita a un serio análisis, se desprende de las confesiones efectuadas por los más prominentes y conspicuos personajes representativos del gobierno peruano. Han sostenido que no existe presupuesto, a propósito de un bono transitorio para el personal de las Fuerzas Armadas, por supuesto son nulas las posibilidades para atender el urgente aumento de sueldos de los maestros, policías, servidores de salud y otros. La contradicción consiste en que, al mismo tiempo festejan con fruición el “gran” crecimiento económico del país, según sostienen. Pero eso no es todo, porque, igualmente inquietante es la declaración de los analistas, cuando afirman que tampoco hay posibilidades en la empresa privada para elevar a niveles racionales el salario mínimo de los trabajadores cuyo monto es el más bajo en toda Sudamérica, y congelado desde hace un largo periodo.
Según los voceros oficiales, el Perú se halla en el mejor de los mundos, su economía crece, se multiplican los inversionistas, se elevan las reservas monetarias, se abren nuevos negocios, se incrementan las exportaciones, etc. etc. Y ¿qué está aconteciendo entonces? Los maestros del Perú son los más mal pagados del Continente; lo son igualmente los policías, que dicho de paso, cuyo número de efectivos, actualmente es menor al de hace veinte años, curiosa paradoja en un país que no sólo crece demográficamente sino, también, en inseguridad y delincuencia.
Contrariamente a lo que se sostiene muy alegremente, el Perú no es un país pobre sino muy rico, pero empobrecido por la corrupción. Hay un endémico comportamiento deleznable moralmente y una proclividad a la fácil sumisión ante la voracidad de los capitalistas que no se cansan de aplaudir la política económica de un gobierno que es su mejor aliado y no les exige el justo pago de los impuestos a la renta al que están obligados. Durante estos últimos años, les ha perdonado, por ejemplo, miles de millones de dólares a las empresas mineras, las que como jamás ocurrió, llegaron a recaudar utilidades astronómicas como consecuencia del alza del precio de los minerales en los mercados del mundo.
El gobierno del señor García se ha ganado los más estruendosos aplausos de los mineros por ser muy respetuoso de los llamados contratos-ley, que tramposamente fueron suscritos durante el gobierno de Alberto Fujimori. Y sostengo que fueron redactados con cálculo, sobre la base de oscuros negociados para beneficios futuros, porque consignaron en sus textos, cláusulas lesivas de blindaje a favor de las empresas contra todo tipo de beneficios futuros. Y pese a que era viable y obligatoria la revisión de los referidos contratos, tal como lo prescribe el Código Civil, el gobierno se resistió a hacerlo y se colocó del lado del capital bajo el manido pretexto de no espantar la inversión privada, una expresión que tiene el sabor de una amenaza para impresionar a la población.










