Tuvo que visitarnos desde el Harvard Business School, el prominente economista norteamericano, Michael Porter, erudito en la ciencia empresarial y la economía -como que así lo acreditan sus cerca de veinte libros publicados y traducidos a 17 lenguas- para develar las farsas sobre la supuesta bonanza económica y empresarial del Perú conque se solazan los voceros del gobierno y sus socios, propulsores del neoliberalismo ciego y sin parámetros.
En el certamen denominado “Seminario Internacional: “Claves de una Estrategia Competitiva”, organizado por Interbank y la Universidad del Pacífico, celebrado el lunes 30 de noviembre último, el prestigiado asesor de las más acreditadas y exitosas empresas mundiales dejó boquiabiertos a los ufanos empresarios peruanos y a los políticos asistentes al seminario. Todos ellos quedaron absortos, pasmados y estupefactos al escuchar las frías y rotundas conclusiones sobre la realidad peruana, a las que llegó el sabio expositor, quien además sostuvo, sin ambages que el Perú no era precisamente el país elegido por los inversionistas extranjeros, porque “cuando estos proyectan instalar una empresa o fábrica no piensan en el Perú”.
El profesor Michael Porter los despertó y les dijo entre muchas cosas, con una crudeza sincera que no la esperaban, que el relativo crecimiento del Perú se debía coyunturalmente, al alza de los productos primarios exportados sin ningún valor agregado que creó una ensoñación y a la vez cierta falsa esperanza en la población. Dejó en claro que el Perú carecía de una política definida de largo plazo y de una adecuada productividad, así como de dramáticas falencias en materia de salud, educación, creatividad, a lo que se sumaba la galopante corrupción pública con las consiguientes consecuencias agravadas de una profunda desigualdad social que puede acarrear funestas consecuencias futuras.
El expositor Porter se encargó de desmentir a los propagadores de utopías y, a su vez, quitarles a los peruanos las vendas de los ojos, al advertir que las cifras señaladas en las estadísticas peruanas eran poco menos que artificiales. Afirmó aleccionadoramente, que el Perú sigue siendo un esclavo vendedor de productos primarios y materias primas. Al mismo tiempo desacreditó a los famosos tratados de libre comercio al referirse, específicamente, al firmado con China, ya que, como dijo, los productos importados de ese país han creado en la sociedad peruana una tremenda desigualdad y descompensación en materia de costes que conducirán a congelar al Perú como un simple abastecedor de productos naturales y de materia prima.
Entre sus impactantes conclusiones, dramáticas pero admonitorias, desasnó a los asistentes, resignados a escuchar enmudecidos como admitiendo que no era verdad todo cuanto se divulga sobre la bondad de los capitales extranjeros, respecto de los cuales se viene sosteniendo que ingresan al Perú para crear emporios industriales. Porter les dijo que sólo vienen a especular y comprar negocios ya establecidos a fin de aprovechar la debilidad empresarial y la frágil economía peruana y sin contribuir al mejoramiento urgente de las condiciones sociales de la población peruana empobrecida. Todo eso se debe, dijo, a la baja productividad, lo que supone una economía sin rumbo.
A estas dramáticas conclusiones arribó el expositor ante el silencio sepulcral de los fantasiosos empresarios criollos, ministros y voceros del gobierno aprista, vendedores de ilusiones y pródigos en frases ilusorias. No hace mucho el presidente de la República, ante el festejo de su equipo gobernante y sus escuderos, llegó a afirmar con incalificable irresponsabilidad, que el Perú es el país que más crece económicamente y que dentro de poco pasará a formar parte del “primer mundo”. Sueños de una noche de verano o la resaca de una noche de juerga.









