
Por: Héctor Vargas Haya
El 12 de Octubre, Día de la Raza en toda América, es el Día de Colón o del Descubrimiento de América o del Nuevo Mundo. En Estados Unidos es el Columbus Day. Sólo en el Perú, por ingratitud o por algún estúpido complejo o simplemente por ignorancia, no se celebra la fiesta continental y mundial que, en cambio, es motivo de especial remembranza en todo el Continente Americano, como una reafirmación de nuestra propia razón de ser.
Al despojo del que Colón fue objeto en el siglo XVI, por Américo Vespucio, un sagaz cartógrafo que se cuidó de bautizarlo con su nombre al Continente descubierto por el navegante genovés, se suman otros hechos como el de la censurable actitud peruana, producto de complejos de inferioridad, de mediocridad y de otras conductas subalternas. Hace unas décadas que en el Perú ha sido suprimida, arbitrariamente esa efeméride, en tanto la celebran todas las demás naciones de nuestra América, en las que es un día feriado y de gran unción.
El gran poeta Walt Whitman que interpretó a Colón en su drama de la incertidumbre de ser olvidado en su viaje por la Historia, lo ha imaginado con este bello fragmento:
“¿Qué sé de la vida? ¿Y de mi mismo?
Ni siquiera sé cuál fue mi pasado o mi presente;
Se esparcen frente a mí tenues conjeturas en perpetuo cambio,
De mundos más nuevos cuyo potente alumbramiento
Me deja burlado y perplejo.
A poco de la Independencia de los Estados Unidos, Cristóbal Colón fue considerado un prócer a quien sólo superaba George Washington. Y en 1792 al conmemorarse el tercer centenario del descubrimiento de América, la Escuela Superior de King, de Nueva York, recibió el bautizo de Columbia, hoy Washington, capital del distrito de Columbia. La república suramericana de Colombia lleva un nombre que recuerda al descubridor. Mientras que en Boston, Samuel Sewall ya había propuesto que todo el continente americano debería llevar el nombre de Colón.
Felizmente, el 12 de octubre de cada año, a excepción del Perú, todas las naciones de este continente celebran la magna fiesta de la Raza. Hace más de cincuenta años que también en nuestro país se hacía también cosa igual. No se sabe por qué motivos fue eliminada del calendario peruano, aunque se intuye que haya sido por esos complejos que lindan con la patología, pues no estamos escasos de bárbaros que como cuando, en cierta oportunidad, algún descendiente de Atila le indujo al desprevenido alcalde limeño a eliminar al fundador y constructor de Lima, Francisco Pizarro, aunque no osaron jamás en renunciar a su estirpe, su raza, su sangre, sus genes, su lengua, sus apellidos y a la esencia más íntima de su ser.
Y revelando una inestable personalidad antinacionalista, luego de renegar de nuestro origen, de Colón y de España, a tiempo de andar buscando culpables de nuestro atraso y postración, la cursilería rayana en alienación nos impone costumbres extrañas ajenas a nuestra estirpe como cuando se enseña a los niños a practicar el decadente Halloween, cada 31 de octubre, despreciando a la canción criolla, o también cuando se renuncia a nuestros propios himnos para celebrar cumpleaños con ese enajenante happy birtdhay, que ni siquiera se lo saben pronunciar correctamente. Ni qué decir, dentro de esta lamentable realidad contradictoria, que buena parte de nuestro idioma está ya socavado por la subordinación mental.
Y como si no tuviera ninguna repercusión antipatriótica, a la tendencia de ignorar nuestro abolengo y nuestra Historia se suman actitudes condenables, como por ejemplo, la inadmisible pasividad oficial peruana de aceptar, en cambio, a Francisco de Orellana adjudicándole indebidamente la condición de descubridor del río Amazonas, ignorando a Vicente Yánez Pinzón, comandante de la Carabela la Niña con la que desembarcó, en 1500 y divisó triunfante al río-mar, en su desembocadura en el Océano Atlántico. No reparan los peruanos o no desean reconocer que Francisco de Orellana fue tan sólo un explorador que partió de Quito-Ecuador en 1542, enviado por Gonzalo Pizarro y cuya gestión sólo conviene a los que sueñan geopolíticamente, como una muestra de una vieja tendencia expansionista contra el territorio peruano, y a la que se adhieren hasta los gestores de la Educación en el Perú -supongo que sin saberlo- y sin darse cuenta de que ingresan al juego contra los intereses soberanos del Perú. ¿Es acaso el Perú un país sin identidad? Me temo que sí.








