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LA MENDICIDAD AL PODER PDF Imprimir E-mail

El lustro del 2006-2011, en el Perú, ha de pasar a la Historia como el gobierno de la mendicidad, es decir, el que gobernó llorando como Jeremías y esperando como Job, las dádivas y los óbolos de los capitales privados, explotadores, a su antojo y discreción, de los recursos naturales nacionales: minas, yacimientos petrolíferos y de gas, puertos, aeropuertos, bosques, aguas, etc. después de perdonarles la obligación inexcusable de contribuir con tributos justos. A su proclividad mendicante y de entrega se sumó la falta de capacidad y de nacionalismo para administrar tales riquezas nacionales para ponerlas al servicio de la sociedad, sin debilidad ni entreguismo.

El gobierno presidido por García Pérez, autodenominado gobierno aprista –que no tiene nada  de aprismo- es tan sólo la mejor manera de haber convertido al Perú en la despensa de los intereses del mercantilismo capitalista, consumista e insensible y neoliberal, pero más que eso, entreguista, mediocre y genuflexo. Obediente mayordomo de la despensa manejada por intereses ajenos a los fundamentos democráticos por los que el APRA soñó durante varias décadas y por la que cayeron en el camino miles de mártires que lucharon por la justicia social. En vez de constituirse en el adalid defensor de la soberanía del país y de sus riquezas, se ha convertido en socio del capitalismo sin bandera al que le concede todas las riquezas nacionales a cambio, únicamente de la buen a voluntad de los empresarios, mineros y petroleros, a los que les solicita un óbolo en lugar de imponerles obligaciones tributarias.

         Verdaderamente, el gobierno de García puede ser bautizado, legítimamente, como el gobierno de la mendicidad. No otra cosa puede significar la humillante actitud de institucionalizar las formas caritativas de mitigar las necesidades y la pobreza de la mayoritaria población peruana, a la que le dedica tan sólo mendrugos, y acostumbrándola a vivir, permanentemente, de la caridad cifrada en programas como Juntos, Vaso de Leche, Comedores Populares  y tantos otros, que en verdad no solucionan los problemas sociales y si al contrario los agravan.

El gobierno de la mendicidad, siguiendo la misma tendencia, acaba de apropiarse  de aquel programa denominado Teletón, originalmente promocionado y conducido por Ricardo Belmont en un canal de televisión particular, que fue creado con el fin de recabar fondos, voluntariamente aportados por empresarios, comerciantes, profesionales y ciudadanos de buena voluntad. Hoy aquel teletón se convierte en un  espectáculo que tendrá como escenario el Palacio de Gobierno donde el principal animador y clown será el propio presidente de la República. De este modo, trata de ser él quien encabece la campaña del sombrero para recibir dádivas y limosnas, según se afirma para atender al presupuesto de la Clínica San Juan de Dios, una institución de bien  social con sucursales en varias ciudades del Perú para servir a los miles de seres discapacitados y necesitados de atención y de salud que el Estado ano les proporciona.

Simultáneamente a este circo, el presiden te de la República anuncia la entrega a un programa de obras de diez mil millones de soles, más tres mil millones quinientos mil dólares de préstamo.

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